Su sotana hace pensar a todos que el sacerdote no se deja llevar por la pasión y en su camino sólo hay oraciones, misas y confesiones.
Sus votos también hacen pensar que su vida se la entrega 100 por ciento a la Palabra de Dios y que, por sobre todas las cosas, está primero Él. Sin embargo, el Padre Vicente Anguiano no sólo cumple con su vocación sacerdotal, sino que también apoya incondicionalmente a los Tigres.
Conocido entre la gente como el “Padre Tigre”, el párroco de 48 años es fiel a los colores de su equipo.
Mañana partirá a San Luis para formar parte de la invasión felina de los cerca de 25 mil seguidores en el Estadio Alfonso Lastras.
“Soy Tigre desde hace poco más de 30 años. Comencé a ir al estadio cuando estaba en secundaria. Recuerdo los primeros campeonatos, el del 82 que ganamos en México y fui a recibir al equipo al Aeropuerto".
“Luego, cuando entré al Seminario, dejé un tiempo de ir al estadio, pero en el 94 que me hice sacerdote regresé y empecé a coleccionar souvenirs”, expresó, mientras de fondo resaltan las decenas de detalles auriazules que decoran la oficina de la Parroquia Nuestra Señora de la Candelaria, en el sector del Topo Chico.
El Padre Vicente, originario de Apodaca, confesó que no tiene nada de malo la combinación de su amor por el sacerdocio y por los felinos, a quienes apoya en el Estadio Universitario y cualquier cancha del futbol mexicano.
“Mezclar lo de mi pasión por Tigres y lo de mi vocación fue difundiéndose y me dieron el título del ‘Padre Tigre’, y así se me conoce aquí en la Diócesis, y no tiene nada de malo que uno le vaya a un equipo".
"Voy al estadio y, cuando puedo ir a una invasión, los acompaño a través de la porra familiar del ‘Chelis’”, reveló.
¿Qué anécdotas tiene de los viajes?
“Cuando estuvimos en una de las finales en Pachuca, me dieron permiso de pasar al vestidor para dar una oración con el equipo, y al salir del vestidor iban saliendo tres padres del vestidor de Pachuca, y me dijeron ‘¡qué onda, Padre!’, porque traíamos la sotana los cuatro: ‘vamos a quedar 3-1 porque acá somos tres y tú eres uno’, y así quedamos. Coincidencias”.
¿Cómo vive los partidos?
“No tan tranquilo, porque estando ahí ya se prende uno, como decimos en el ambiente futbolístico. Una vez fui a una zona donde nadie me conoce y dije ‘aquí puedo explayarme’, y nunca me acordé que llevaba la camiseta que dice ‘Padre Vicente’, y yo echando porras con la euforia que tenía, y una señora se me acerca y me dice: ‘Padre, tranquilo, no se nos vaya a infartar’”, contestó entre risas.
¿Y cómo toma las derrotas?
“Sí se siente uno triste, pero tenemos que tratar de estar en un justo medio, que no nos afecte cuando pierden porque la vida continúa, y tampoco que no nos lleve a un extremo de salirnos de nuestros estribos y ofendamos a los demás”.
¿Qué deja de hacer para ir a esta invasión?
“Nada, es un viaje como cualquier otro, y si tuviera algún pendiente eso ya está cubierto, que no le mortifique a usted. No voy ir a la Luna, sólo voy a San Luis, y no te gastas más de 500 pesos, y como se va en grupo, pues hay ofertas”.
¿Qué espera del viaje?
“La armonía, paz y, sobre todo, que vas a ir a llenar un estadio en donde la gente de San Luis es gente muy amable, y verlo por el lado positivo, al menos al club ya le fue muy bien con la venta de boletos y la vendimia que puede hacer la gente y ofrecer al visitante, ya es la segunda vez que voy, hace un año andaba enyesado de un pie y como quiera fui para allá”.
A los que viajan, ¿qué mensaje les da?
“Esperemos que este partido y este viaje trascienda en nuestras vidas".
“En el nombre del Padre, del Hijo y el Espíritu Santo. Que vayamos con bien y que retornemos con bien. Y claro: ¡que ganemos para llegar a 24 puntos y acercarnos a la Liguilla”.
Un padre con sotana… azul y amarilla.





